La mujer en el flamenco

El Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía ha acordado declarar el 16 de noviembre Día del Flamenco en el ámbito de la Comunidad Autónoma de Andalucía. Esta fecha coincide con la de la inclusión de este arte, hace ahora un año, en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad de la Unesco. Con motivo de esta primera celebración del Día del Flamenco, queremos dar a conocer la importancia de la mujer en el origen y desarrollo de este arte.

En alguna ocasión se ha afirmado que “la mujer no está dotada como el hombre para cantar flamenco”; este comentario se invalida por sí sólo ante la aplastante evidencia de unos hechos que ratifica el análisis histórico y musical de la trayectoria femenina en el arte jondo. Dicha presencia se manifiesta desde las primeras etapas del cante flamenco, conocidas como:

  •  Etapa privada del cante flamenco (finales del siglo XVIII-primera mitad del siglo XIX) con cantaoras como María la Jaca o María Borrico.

  •  Etapa de los cafés cantantes (segunda mitad del siglo XIX-primer cuarto del siglo XX), donde destacan Mercedes La Serneta o La Trini.

La Serneta

La Trini

Muchas de estas cantaoras contribuyeron con sus creaciones a enriquecer el cante flamenco, cabe mencionar las Soleares de Mercedes la Serneta, las Seguiriyas de María la Borrico y de La Serrana; las Malagueñas de La Trini y Concha la Peñaranda; Peteneras y Tangos de Pastora Pavón “Niña de los Peines”; Cantiñas de las Mirri en la voz de María la Mica o la Milonga de Pepa Oro.

Tampoco podemos olvidar la inmensa labor de difusión del flamenco que han desarrollado cantaoras de la talla de Fernanda y Bernarda de Utrera, Perlita de Huelva, Aurora Vargas, Paquera de Jerez o Carmen Linares, entre muchas otras no menos relevantes.

En el campo del baile flamenco la mujer ocupa un puesto de honor y muy preferencial en todos sus matices con bailaoras como La Campanera, La Macarrona, La Mejorana, Pastora Imperio, La Argentina, La Argentinita o Carmen Amaya.

El legado femenino es, pues, impagable; la trayectoria vital y artística de tantas cantaoras y bailaoras han ido enriqueciendo y modelando con sus aportaciones e inspiración una de las manifestaciones de música popular más importantes. La impronta de sus estilos ha sido decisiva y marca con fuerza el proceso evolutivo y estético de un arte universal. Merecen la admiración y el respeto de todos los que “sentimos y vivimos” el arte flamenco.

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